Las experiencias nos enseñan lo que en los libros, o en internet, no podemos aprender; la formación inicial, básica para el nuestro desarrollo como personas, la recibimos en nuestra casa materna. El colegio nos aporta conocimientos teóricos, desarrolla nuestras aptitudes y crea nuevas capacidades. Los conocimientos adicionales, los que no todos tienen y los que nos han hecho especiales, provienen de personas que también son especiales y han querido compartir con nosotros su sabiduría.
Recuerdo especialmente a mi profesor de literatura del Instituto que prácticamente me arrojó a brazas ardientes de la lectura. La última vez que fui a su clase me dio de regalo de despedida una edición de bolsillo de Madame Bovary con una dedicatoria que ponía “Lee y escarmienta”. Para ese entonces mi biblioteca ya era considerable y la historia de la francesa la tenía más que releída, de hecho es mi personaje favorito. Los libros que tenía en ese entones están ahora por todas partes, ese ha sido mi aporte.
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