Muy cierto es el dicho que reza: “la comida entra por los ojos ”. Comer es uno de los placeres de la vida, y si el plato además de exquisito está bien presentado, mucho mejor.
Decorar alimentos requiere tener sentido de la estética, cierta habilidad y quizá lo más importante amor por lo que se está haciendo.
Quienes amamos cocinar, crear o recrear platos; ponemos toda nuestra buena vibra y cariño por la comida que estamos haciendo, y no hay nada más placentero para un cocinero, profesional o aficionado, que los comensales elogien en primera instancia la presentación de la comida y luego queden extasiados por los sabores de la misma.
Ya está aquí la Semana Santa. Muchos aprovechan estas fechas para salir de la ciudad y pasar unos días en la playa, en la montaña, en el extranjero…. para olvidarse de la rutina diaria y el trabajo. Pero muchos también vuelven a sus raíces, a sus pueblos, para ver las procesiones y reencontrarse con sus familiares, amigos y conocidos. Por eso las casa se vuelven a llenar de gente, procesión arriba y abajo, preparativos, comidas, etc…. por eso es muy importante tener la nevera lista, recetas a la mano y la mesa preparada.
En el siguiente vídeo vemos como debemos preparar una mesa, como colocar cada detalle para que no falte nada. Ya se que estamos en familia y hay confianza pero no está de más tener todo a la perfección para quedar bien.
Hay días tan atareados que pasan y no nos damos cuenta sino cuando ya se están finalizando, que es el momento en que realmente lo sentimos, en los pies, en las manos, en la espalda, por el estado de nuestros nervios y de nuestro peinado. Esos son días clave, generalmente, porque ocurren encuentros, presentaciones, finalizaciones o inicios importantes para nosotros, en cualquier aspecto, pero que marcan un cambio, pequeño o grande.
Muchas personas encuentran inconvenientes a la hora de implementar los hábitos saludables de comida en el estilo de vida vertiginoso que impone la ciudad. Los problemas son siempre precio, tiempo y espacio: precio en la medida en que comer fuera de casa todos los días supone una renta mortal para nuestro bolsillo, y por lo menos una indigestión a la semana; tiempo porque falta –podemos elegir entre dormir unos minutos más o despertarnos a preparar el taper, sin contar que hay que hacer la comida; y espacio, porque servir los alimentos, de la forma en que nos gusta, requiere de una cantidad de platos, cubiertos y menaje que son imposibles de llevar en la cartera.