Entradas Etiquetadas con ‘días lluviosos’

09
feb
2010

La sensibilidad es hereditaria

Escrito por Pilar Mejia en Artístico, Climatización, Complementos, Consejos, Diseñadores, Espacios, Estilos, Exteriores, Oficina, Otros, Recibidores, Tiendas on-line

Me encanta ver cuando Juana, mi nena, baila. Se ve tan graciosa moviendo su cuerpecito desproporcionado; su cabezota parece que se va yendo para un lado y para el otro. A ella le encanta la música como a su hermano, a su padre, y a su madre. Creo que tiene muy buen sentido del ritmo, de hecho la música qué prefiere es la rítmica y es cuando la escucha que se mueve como si tuviera hormigas en el pañal. Ahora mismo está pegadísima de una canción de las que pasan muchas veces en la televisión.

También le encanta dibujar, la verdad es que es sobresaliente por esa capacidad en el colegio, realmente capta con fidelidad las imágenes y al reproducirlas no lo hace mal tampoco, además combina muy bien colores. Con sus compañeritos de curso están montando un musical y yo no me extrañaré cuando la vea bailando, brincando y gritando en primera fila.

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08
feb
2010

Que llueva más el domingo

Escrito por Pilar Mejia en Artístico, Baño, Cocina, Comedor, Complementos, Diseñadores, Dormitorio, Espacios, Estilos, Jardinería, Oficina, Otros, Recibidores, Reciclaje y ecología, Salón, San Valentín

Los días lluviosos me provocan quedarme en la cama la mayor parte de la mañana, desayunar con chocolate a la taza y dedicarme toda la tarde a leer, escuchar música y ver alguna película en espera. Cuando el domingo llueve es perfecto porque, en general, puedo darme el gusto de hacer lo que me apetece hacer los días de lluvia; y si además mi esposo está de viaje, planeo una visita de los niños a la abuela –se quedan con ella- y puedo estar sola y a gusto por un momento.

Cuando es lunes el día de lluvia toda la historia cambia porque, aunque el deseo por estar en casa persiste, la realidad nos conduce a despertarnos muy temprano, tomar un café y darle la cara al día con el tiempo en contra: lo regular del trabajo. En ese caso nos encontramos con el agua escurriendo por la sombrilla, salpicándonos los zapatos, mojando nuestras maletas –y nuestros documentos- y ya no se siente tan relajante.

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