Viví en una casa que tenía un patio de sesenta metros cuadrados. Cuando la elegí pensaba llenarla de macetas gigantes una pérgola, muebeles de jardín de teca y tumbonas con cojines blancos como zona chill out. Sin embargo la casa estaba situada en una ciudad muy fría y ventosa, cuyo verano duraba poco menos de un mes y no compensaba el gasto. Además, los amigos escaseaban, y al final llegué a la conclusión de que lo mejor del patio era que el perro estaba a sus anchas y no necesitaba apenas sacarlo de paseo.
Me quedé con las ganas de decorar una superficie de esas. Siempre que veo anuncios de venta de casas y elijo las que tienen patio o terrazas, y empiezo a fantasear. Además, como me gustan las manualidades, también se me va la cabeza pensando en cojines, y cortinas de pérgolas, en mantelitos primaverales a juego con la manta del picnic, en fin. Se me va la cabeza.
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