dic
2009
¿Congelada de la sorpresa o sorprendidamente congelada?
Escrito por Pilar Mejia en Artístico, Climatización, Comedor, Diseñadores, Dormitorio, Electrodomésticos, Espacios, Estilos, Oficina, Otros, Salón
Vivo en el piso en el que vivo, con mi esposo, mi nena y mi nene, y Bruno, el perro, y todos, desde que llegamos hace poco menos de un año, estamos felices de estar tan cerca del parque más grande de la ciudad, de tener una estación de metro justo saliendo de nuestro portal, de tener un museo a 6 cuadras, otro a 7 y un último a ocho. El piso, antiguo pero reformado, es tan elegante como sencillo y además estamos en la última planta. No tenemos que escuchar los tacones de ninguna ejecutiva madrugadora ni los saltos desesperados de niños hilarantes ansiosos por salir al mundo exterior, como en nuestra anterior vivienda.
Todo era como un sueño perfecto en casa hasta que llegó el invierno y como este año no avisó, nos tomó por sorpresa absoluta. Un buen día nos dimos cuenta, con tristeza, que el piso perfecto era frío y aunque pusiéramos la calefacción a la máxima potencia seguía siendo como vivir en el parque, en la estación de metro o en alguno de los tres museos que quedan cerca. Pero hay soluciones.


