Cuando empecé a dedicarme en serio a la decoración, al principio e los años noventa, mis contemporáneos empezaban a criticar ya el estilo minimalista que predominaba por posición y extensión en todas las propuestas comerciales. Pisos, restaurantes, oficinas, espacios públicos y equipamientos urbanos eran fieles a los conceptos que regía este estilo que, según sus detractores, anteponía la forma a la función sin ningún reparo ni consideración. El problema, a mi parecer, no era que todo fuera Minimal sino que el estilo y sus preceptos habían sido malinterpretados y tratados con ligereza.
El minimalismo aparece como tendencia artística en los años sesenta y utiliza elementos mínimos y básicos, como colores puros, formas geométricas simples, tejidos naturales, etc. Algunas de las características esenciales que se aplican en la decoración son la economía de lenguaje y medios, la producción industrial, el uso literal de los materiales, la ausencia de ornamentos, el purismo estructural, el orden y la geometría. Nada de esto va en contra de un buena disposición ni de un espacio agradable, fue el uso, el abuso y la desnaturalización lo que causó la crisis del minimalismo en la decoración.
leer más