jul
2010
Sillas inspiradas en las líneas de Metro
La de hora que he pasado en el metro, en mi caso se trataba del metro de Madrid, pero seguro que a todos aquellos que vivan en ciudades con metro les sonará la historia. En los trayectos de dos que hacía todos los días (una hora ida, otra hora vuelta) aprovechaba para escuchar música, leer un libro, repasar los apuntes de antes de un examen o leer un texto que debía haber leído hace semanas para clase. Mi bolso era todo un almacén de recursos anti-aburrimiento, porque una hora son 60 minutos de tedio en los que solo puedes mirar por la ventana si no llevas nada a mano o observar a la gente de alrededor. A veces puede ser un poco aburrido, creedme.
Y lo peor era cuando el metro iba demasiado lleno y el trayecto tenía que hacerse de pie al completo. Esperando con mirada desesperada que alguien se levantase en la siguiente parada y que ningún listillo/a se adelantase para quitarte el sitio. Era toda una ley de la jungla, el más fuerte e inteligente es el que gana. Por desgracia a veces mis reflejos eran demasiado lentos como para sobrevivir.









