Entre más años cumplimos es menor la capacidad que tenemos de sentirnos sorprendidos o impresionados por algo o por alguien. La primera vez, en todo, siempre será la más intensa; descubrir sensaciones, sentimientos, emociones hace parte del inicio de nuestra vida y está asociado en su mayoría con periodos como la infancia y la adolescencia. Durante la juventud seguimos reconociendo el mundo, ya con la visión de un adulto, y hacia la adultez podríamos decir que tenemos una buena percepción general y bastante completa de nosotros mismos y de la relación que tenemos con el mundo. Bueno, la excepción hace la regla y hay casos de casos.

Es indudable que es cuando somos pequeños que nuestro poder de asombro está en su mejor momento y aunque ahora las cosas que en su momento nos parecieron insólitas nos pueden parecer triviales, no olvidemos que todos nos sorprendimos en mayor o menor medida por lo mismo. Magia parecía que el avión de papel pudiera planear por el aire o que las pompas de jabón tuvieran tantos colores y flotaran; que pintar con los crayones rojos y amarillos mezclándolos nos resultara en el color naranja y que negro se diga black en inglés, cuando suena más a blanco.
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