nov
2009
De Rusia con amor
No voy al psicoanalista porque considero que no debo dejar a otros el trabajo que yo misma debo realizar, estudiando paso a paso, momento a momento, historia tras historia, mi vida: desde muy pequeña hasta la actualidad. Puede ser que me sienta obsesionada por reconocer los orígenes y el desarrollo de mis actitudes individuales, sociales, profesionales y sentimentales, pero esta manía me ha llevado a entenderme a mi misma y ha desarrollar una capacidad crítica, y muy productiva, acerca de mi posición frente a la sociedad y mi papel como ser colectivo y como individuo.
Ya a esta edad me empiezo a dar cuenta también del funcionamiento de mi cuerpo físico, de cómo ha mejorado o empeorado, de cual es la alimentación que debo proveerme, las horas de sueño necesarias, incluso, las tazas de café que puedo consumir en un año.
Y es complicado, porque en este caso, por ejemplo, sé que no debo tomar más de tres tazas al día y nunca después de las dos de la tarde. Cuando entro a la cocina a preparar la cena tengo tantos deseos de tomarme un café como el que tengo de quedarme dormida a las cuatro de la mañana si he osado hacerlo. Incluso, gracias a la sabiduría que me da el tiempo, estoy tratando de reemplazar un poco el café por otra bebida energética y caliente, el té.




