Con el paso de los últimos 10 años, o poco más, hemos asistido como participantes principales del gran cambió que el desarrollo tecnológico provocó en la vidas de los habituales televidentes del mundo entero. Sin entrar a hablar del avance de la ciencia y la técnica, se puede decir que el corriente ciudadano fue mayoritariamente afectado por los cambios en los medios de comunicación.
La aparición de los teléfonos móviles, ridículos por su precio e incomodidad iniciales, sembró en el imaginario de todos la posibilidad de comunicarse individual, directa e ilimitadamente, desde cualquier lugar del mundo, con cualquier persona, a cualquier hora. Los límites horarios empezaron a tambalear, como las fronteras del idioma. Entre el reconocimiento de lo lejano, y de su cercanía, aparecieron sofisticados aparatos, diferentes a la teléfono, que permitían al común y corriente realizar video llamadas a sus seres queridos, y verlos en vivo al otro lado del mundo. Ahora no resulta romántico pensar en ver el amanecer en París estando en México DF, es solo asunto de agendar una cita, ponerse enfrente del ordenador y pasarse un poco de la hora de dormir.

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