Lo importante para elegir una alfombra es saber qué buscamos exactamente. Evitar marcas en el suelo, hacer más acogedora una estancia, dar calor a una habitación, adornar…

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Parece que no, pero es muy importante tenerlo claro, ya que en función de tus necesidades vas a escoger un tipo de material u otro. Sintéticas, de tejidos vegetales (ya comentamos las de bambú), e incluso de piel animal (por ejemplo, vacuno, como la propuesta de Vacarat). Y, dentro de todos estos materiales puedes escoger que sean con o sin pelo.

Y como todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes, entra en juego el gusto: las que tienen pelo son más cálidas que las otras, ¿dónde está el inconveniente? en la limpieza, se ensucian más y se limpian peor. Con las que no tienen pelo ocurre justo lo contrario, son un poco más frías pero se limpian mejor y no cogen tanta suciedad. Además, son ideales para personas que tienen problemas de alergias, por lo que comentábamos, que no retienen tanto el polvo y son más limpias. ¿Otra ventaja a favor de las que no tienen pelo? Los niños, si tienes hijos deberás tener en cuenta que se lo llevan todo a la boca y el tacto suave de la alfombra “peluda” será toda una tentación. Consúltaselo a la almohada…