Seguramente conoces ese chiste sobre la gente que compra los libros según el color de sus lomos, para que hagan juego con la decoración.

A pesar de la crítica implícita, lo cierto es que usar un criterio colorido para acomodar los libros en un librero de pared a pared, ofrece resultado más que atractivos. De hecho, el efecto que se produce es más que encantador. El conjunto produce un aura casi mágica.

¿Poco práctico? En realidad, no. Recordamos los libros por sus cubiertas, ante todo. De manera que colocarlos por colores es un criterio tanto o más efectivo que ordenarlos por género o en orden alfabético.

La clave para hacerlo: agrupa colores, del tono más brillante al más frío. De ese modo creas células armónicas y trabajas el paso de un color a otro en una cuidada progresión. No hay nada escrito en el orden que deben llevar los colores. Y la imaginación (y tus libros) son el límite.

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