En los tiempos actuales, en ocasiones, nos sentimos atrapados, por las tecnologías, el comercio, las saturaciones, aglomeraciones… estamos deseando llegar a casa para relajarnos, deseamos una vida más pausada, feliz… todo esto lo podemos conseguir en el hogar si conseguimos lograr un ambiente para ello.

La estrecha relación de  la naturaleza con nuestro hogar puede conseguir que este nos recuerde a los elementos tierra, aire, agua… las sensaciones que estos producen nos pueden transmitir la calma que buscamos.

Los límites han de estar poco definidos. Los días cálidos puertas y ventanas deben estar abiertas para que el sol entre por ellas. Los muebles tenderán a ser naturales dentro de lo posible (no buscar colores como negro, caoba, blancos…) son indicados los color roble o pino, aunque no sean de estos materiales por su alto coste pueden estar imitados con los lacados. El textil debe ser grueso y acogedor (ropa de cama, cortinas…). Los azulejos brillantes y lisos y escayolas onduladas. Toda una imitación a las casas de campo nos acercarán a la vida campestre y relajada.

Los colores, al igual que los muebles, han de ser naturales (algún color primario no vendría mal). Los elementos decorativos, flores en todos los lugares, nunca exóticas ni tropicales. Se pueden ir variando en cada estación, pueden ser frescas o secas, pero siempre imitando a los jardines y setos de la pradera. Pueden colocarse en un simple jarrón que le dará a la casa una gran frescura.

También podemos optar a decorar con objetos artesanos como cestas, piedras talladas, cerámicas… todo lo que nos puede recordar a nuestras abuelas.

Fuente: facilísimo

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