Supongo que será innecesario decir que las fibras vegetales para realizar soportes con los que llevar la carga es una actividad humana tan antigua como el propio ser humano.

Bolsas, redes, sandalias, tocados para el pelo, cestos de todos los tamaños, de fibras mas o menos prietas para que no se escapen lo líquidos son empleadas, aun hoy,  por las tribus menos evolucionadas, culturalmente hablando, como podéis ver en el cesto que abre este post de la tribu Mursi africana cuya cultura es aún paleolítica.

Nuestras abuelas empleaban las fibras vegetales en cestos, sillas, alfombras, bolsas, sombreros, abanicos, cortinas, persianas y a saber cuantas cosas más.

Hasta la llegada del plástico los materiales con los que contábamos eran todos naturales, madera, cuero, metal y fibras vegetales.

Pero con el plástico dejamos de usar las fibras vegetales y pasamos de lleno a realizar casi todos esos objetos en este material.

Los cestos de plástico terminaron sustituyendo a las fibras vegetales, más duraderos y menos costosos aparentemente. Porque ahora sabemos el daño que todos estos objetos de plástico están produciendo a los animales del entorno y al propio entorno mismo.

Ahora debemos alegrarnos, estamos empezando a dar marcha atrás y las fibras vegetales, que nunca se fueron del todo, inundan nuevamente las tiendas de decoración.

Hace ya unos años la tendencia se hizo poco a poco más presente y los cestos de fibras vegetales volvieron a formar parte, y muy abundantemente, de nuestras decoraciones.

La mejor prueba de ello es que hasta en las tiendas de chinos podemos ver todo tipo de cestos y de muebles que sustituyen los cajones por cestos de fibras vegetales.

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Ahora podemos ver realizados en fibras vegetales objetos que antes no existían como los portaservilletas, o cajones para muebles o elementos para el cuarto de baño.

Incluso en tiendas exponen muchos de sus productos en cestos de fibras vegetales.