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A todos nos gusta decorar, pero, como en todas las cosas de la casa, también hay una parte negativa, y claro, no podría estar hablando de otra cosa que de las obras, sobre todo cuando te metes a cambiar la decoración en paredes, suelos, o quieres darle un buen lavado de cara a una estancia, y no digamos ya si es a toda la casa.

Por supuesto, puedes hacer tú mismo estas reformas, si tienes tiempo, y sobre todo, muchas ganas, o simplemente si tienes el conocimiento y eres lo suficientemente perfeccionista como para ponerte a ello, porque cosas tan triviales como cambiar un enchufe se pueden poner muy feas si es la primera vez que las hacemos.

En este caso, mis consejos más inmediatos son: primero, que te armes de paciencia, ya que seguramente tardes más de lo que habías pensado en origen, además de las pegas normales que puedes tener con suministros, entregas fuera de plazo y demás cositas que están a la orden del día.

El segundo, como no, organización; hazte un planning diario para obligarte a continuar el camino, sobre todo si la fuerza de voluntad no es tu punto fuerte.

Y el tercero y fundamental: no corras, ten en cuenta que lo que estás haciendo en la estancia debe permanecer allí durante mucho tiempo, tienes que sentirte a gusto con ella, y darle tu toque personal, y para esto las prisas nunca son buenas consejeras, tú lo sabes tan bien como yo.

Si no es así, o bien porque no eres muy manitas, o bien porque crees que puedes poner un poco más de dinero y que te lo haga otra persona, mi recomendación es clara: aprovecha para salir de casa esos días y dejar que el equipo trabaje como si fuera suya.

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