Las cortinas, esos seres tan amados y odiados al mismo tiempo. ¿Quién no ha tenido problemas con ellos? A mí personalmente no me gustan mucho, soy de las que prefiere una persiana o un estor, porque a veces me resultan incómodas. Pero reconozco que en cuanto a decoración de interiores es uno de los elementos básicos para dar ese puntito glamouroso que necesita la casa.

Así que hoy te traigo algunos trucos para que te decidas por unos modelos u otros. Lo primero que tienes que tener en cuenta es el espacio disponible y el tipo de cortina que vas a poner. Si es una habitación pequeña, unas cortinas isabelinas y barrocas no merecen mucho la pena. Si la ventana es pequeña, puedes crear un efecto óptico poniendo la cortina unos 30 centímetros por encima. Parecerá que el hueco es mucho más grande y además, no te molestará a la hora de abrirla.

Por el contrario, si es un ventanal grande, evita los estampados llamativos y pomposos. Aunque el cuerpo te pida algo lujoso, dará sensación de agobio. Lo mejor es jugar con tonos similares o complementarios a los del color de las paredes para que combine más.

También influirá en esto la habitación. Para dormitorios es mejor tonos sosegados, como unos grises o unos azules suaves, mientras que para la sala de estar lo ideal es un amarillo o un color cálido que da amplitud.

Como ves, el maravilloso mundo de las cortinas encierra un arte que no se puede concentrar en un solo post. Otro día te hablaré de los tipos de tejidos, porque eso merece una entrada aparte. Y es que hay tantos donde escoger no sabrás por dónde empezar.

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