Los cuadros siempre están en las paredes de las casas. Ya sean personalizados, obras de arte o simples láminas estándar que vienen con el marco, todo hogar que se precie tiene alguno decorando las habitaciones. Aunque muchas personas lo primero que hacen es quitarlos, lo cierto es que sin ellos parece que falta algo.

En los últimos tiempos, la filosofía de los cuadros ha cambiado un poco. Vamos dejando de lado los grandes retratos familiares, los cuadros de la comunión y las estampas de caza que decoraban los sofás en los años 50 y llegan los cuadros minimalistas y de diseño. También cambia el modo de colocarlos.

Antes simplemente se hacía un agujero en la pared, se colocaba una alcayata y se colgaba el cuadro de ella. Ahora, sin embargo, se prefiere un estilo más atrevido y casual. Como si todo se hubiera quedado ahí por cualquier parte. Así, una de las tendencias es poner los cuadros sobre superficies planas. Por ejemplo, encima de muebles apoyados en la pared, como puedes ver en la foto. También se combinan varios cuadros, uno encima de otro. Esta opción tiene un inconveniente: pueden caerse y, al limpiarlos, hay que tener cuidado porque podemos romperlos.

Otra opción es colocar los cuadros sobre un caballete. Como si el artista acabara de pintarlo para ti. Queda muy elegante y, si quieres dar un toque distinguido a tu casa, es la mejor opción. Si quieres que tus invitados lo miren, colócalo de manera casual, todas las miradas irán hacia allí.

¿Ves como con pequeños detalles puedes cambiar completamente la decoración de tu casa? Sólo tienes que atreverte a salirte un poco de la norma tradicional.

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