Hace tiempo comentamos un interesante felpudo que aparecía decorado con una imagen de cómic. En aquel momento no caí en la cuenta de que no se trataba de cualquier cómic, sino que era obra del artista Roy Lichtenstein. Aquel felpudo era por tanto, una pequeña obra de arte inspirada en el dibujo del artista neoyorquino, que a su vez había tomado prestado la estética del tebeo para elevarla a la categoría de arte.

Hasta ese momento el cómic era poco más que un pasatiempo, normalmente asociado al consumidor juvenil. Especialmente en Estados Unidos, con personajes de gran renombre como Superman o Spiderman se había convertido en un fenómeno de masas, pero que no pasaba de divertimento sencillo y sin pretensiones. Sin embargo, con la irrupción de la estética Pop todo cambió.

Artistas como Warhol empezaron a utilizar objetos cotidianos, como el famoso recipiente de las sopas Campbell, creando series de obras dedicadas a algo tan aparentemente insustancial como el frasco de la comida. Pero es que el Pop buscaba ante todo una nueva perspectiva del arte, influido en parte por el dadaísmo, en la que los objetos de consumo sirviesen como punto de partida de obras artísticas.

Con la llegada de los 50, el consumismo, especialmente en Estados Unidos se disparó y este tipo de arte encontró acomodo y un enorme éxito. Dentro del Pop, Lichtentein, optó por inspirarse en la estética del cómic, no tanto de superhéroes, sino en el de historias más dirigidas al público adulto. Así creo sus grandes paneles como el que tenemos en la foto, el cual, por cierto, puede ser admirado en el Thyssen de Madrid.

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Llegó incluso a dibujar en su obras los clásicos pequeños círculos que aparecían en los cómics como consecuencia del sistema mecánico de impresión. La estética Lichtenstein es una opción interesante para dar un toque Pop a nuestras casas, aunque sea solo el felpudo.