Nunca podremos comparar nuestra casa con ningún palacio, pero sí aparentarla, con unos pocos consejos, podemos dar la sensación de parecer príncipes y princesas dentro de nuestro reino, es decir, de nuestro propio hogar.

Los interiores son fundamentales para esta decoración. Los más antiguos eran sobrios, pero los actuales, se han adaptado a las épocas conforme ha pasado el tiempo.

Los  palacios del año 1600 son los más característicos, los que siempre hemos identificado de palacios como tal. Estos estaban recubiertos de paneles con imágenes grotescas, de gran tamaño.

La habitación debe ser la más destacada como lo era la habitación del monarca, en ella se han de combinar el estuco, la pintura y los decorados, una mezcla de diversos artes. Las paredes se recubren de terciopelo con ornamentos de dibujos y cuadros colgados. Si queremos evitar los terciopelos, podemos optar por el mármol, hay paneles de imitación a este material que quedan muy auténticas.

El salón ha de convertirse en una alegoría clásica, podemos adornarlo con elementos y accesorios de la mitología. El techo del salón siempre con pinturas relacionadas con el resto de la decoración, como hazañas de los dioses, utilizando la mezcla de materiales como el estuco y la pintura.

Los suelos de los palacios suelen ser de mármol, pero en un hogar, este material puede resultar un tanto frío y se puede optar por otros materiales.

Está claro que todo aquel que le agrada la decoración palaciega, es amante de lo recargado, este estilo precisa de numerosas  figuras, símbolos, espejos situados unos enfrente de otros, capiteles, estatuas… para que todas estas sensaciones puedan lucirse con todo su ámbito, las estancias deben ser muy amplias, signo de riqueza característica de estos especiales monumentos.

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