No hay nada que nos parezca menos decorativo que la idea de una bombilla tradicional colgando de su cable o de una aglomeración de elementos. Son elementos tan poco estéticos, tan improvisados, que su sola mención hace sudar al más ecuánime de los estilistas. Pero no hay nada escrito es estilos y juegos, y aquí tenemos una prueba al respecto: una peluquería alemana cuyo tema principal es la iluminación. Y una iluminación proveniente de setenta bombillas colgantes.

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Es obra del despacho Hackenbroich de Colonia: toda una arriesgada apuesta por los valores industriales, la simetría básica y la aglomeración, ese terrible virus decorativo.

Y es que los cables de todas las lámparas surgen de un mismo punto. Con discretos ganchos se consigue extender y suspender los cables para hacer llegar cada bombilla al sitio donde dispersará su luz. La peluquería Haarwerk se encuentra en una fábrica reciclada, y el juego de iluminación es toda una metáfora sobre los espacios que se renuevan y encuentran otra vocación.

El aspecto caótico de la instalación es engañoso: las lámparas se encuentran dispuestas en cinco círculos concéntricos que se encienden para iluminar diferentes zonas del local, en un circuito que también es un ejemplo de ahorro energético.