Reconocemos el lujo a simple vista, solo dudamos cuando las copias son tan buenas que necesitamos acercarnos para tocar.

El lujo tiene algo que atrae, que te abstrae de la realidad, te quedas como hipnotizado.

El lujo si además es bello te deja extasiado, como si te hubieran echado un hechizo y no supieras donde estás.

Estoy tratando de definir las sensaciones que me ha producido la imagen del recibidor de la villa Karma diseñada en 1906 por el arquitecto Adolf Loos en Suiza.

El exterior la verdad es que no me dice nada, es un edificio soso y aburrido pintado en un blanco cal.

Ahora el interior es fabuloso, te dejo unos pequeños detalles para que lo veas.

 

Esta casa es como un pastel blanco y sin adornos que cuando lo partes tiene capas de nata chocolate y fresa con un sabor exquisito.

Fuente: agram

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