Cuando compramos una alfombra nos solemos fijar, sobre todo, en el color y en la suavidad del tejido. Sin embargo hay otros aspectos que tenemos que tener muy en cuenta para no acabar tirando la alfombra a la basura en poco tiempo. Por ejemplo, el tipo de densidad o el nudo con el que está hecha. Te contamos algunas cosas básicas para que no te lleves un chasco en tu próxima compra.

Tienes que diferenciar entre dos tipos de alfombra básicos: las que tienen el pelo cortado y las de estilo bouclé. También existe otro, resultado de combinar ambas. Las características de la primera es que cuando se fabrican, se cosen formando lazadas en su superficie. Después se cortan las puntas superiores y en vez de quedar como lazos, quedan como hilos rectos. Por el contrario, las de estilo bouclé dejan las lazadas completas, formando una especie de pequeños ricitos o caracolillos. Dependiendo de la largura son más rígidas o más suaves.

Otro detalle importante es la densidad del hilo: a más cantidad, más tupida será la alfombra y, por tanto, puede que tenga más rigidez, aunque también depende del tipo de fibra y de la longitud. Como detalle, si deseas que tu alfombra sea de alta densidad debes mirar que tenga unas 9 puntadas por centímetro cuadrado.

Como ventajas de que sea muy densa está que el polvo y la suciedad se quedan en la superficie, facilitando el aspirado. Al estar muy pegadas entre sí las fibras, que la suciedad pase a la base de la alfombra es más complicado. Además, una alfombra con alta densidad será más duradera.

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Si lo que buscas es una alfombra muy duradera y que se desgaste poco, tienes que buscar una que sea tupida, con alta densidad y, a ser posible, de pelo corto (no tiene nada que ver con cortado), lo más corto posible.