El verano. ¡Ay! el verano, una época que amaba cuando era niña, vacaciones, piscina, libertad, mama enfadada, la calle, los amigos, todo maravilloso.

Hoy, la verdad, no pienso igual, pienso en calor, calor y calor, después de ¡tantos años de piscina!, y a pesar de lo que me gusta el agua, paso de ella, en especial la de la comunidad.

Así que tengo que buscar otras opciones para refrescarme en las, aveces, interminables horas de la tarde.

Llevo unos cuantos años viendo esas minifuentes para el interior de las casas. La verdad antes estaban muy poco logradas, se notaba que eran de resina y, francamente, eran feas, pero con los años se han ido superando y ahora son muy variadas y monísimas.


De hecho me han regalado una por reyes y me encanta ver caer el agua y el sonido que produce, eso si, salpica un poco, pero en un sitio protegido  o con algún truco, como ponerle alguna piedrecita en sitios estratégicos, solucionado.


Refrescar no es que refresque, pero cumple su cometido a nivel sicológico que es también muy importante.


Mury, un beso.

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