Imagino que sí, que la línea del sofá también seguirá las tendencias que marcan los diseñadores y fabricantes del mueble. Aunque, la verdad es que nunca me lo había planteado.

Es como si el sofá estuviera exento de modas y tendencias pues, cuando buscas un sofá, quieres que pegue con el color del mueble y de las paredes pero que, principalmente, sea cómodo y acogedor.

Quizás te despreocupas menos por lo cómodas que resultarán las sillas de diseño que has comprado para el salón pero, con el sofá, no te la juegas. Sabes que sobre las sillas, vas a pasar mucho menos tiempo que sobre el sofá. Es más, igual en las sillas sólo se sientan los invitados porque tú prefieres acoplarte una mesita auxiliar y cenar viendo la televisión (hecho que los nutricionistas no recomiendan, igual porque no tienen un sofá tan cómodo como el tuyo).

Además, a no ser que el sofá sea espectacularmente grande o tenga una forma original y llamativa, yo creo que nadie se percata de su presencia hasta que no pone sus posaderas sobre él. Entonces es cuando reparas realmente en esa pieza clave del salón. Puede que te haga dar un respingo pensando que te has sentado sobre un banco de madera o bien que te induzca a reclinarte, mover ligeramente la cintura para acoplarte al mullido asiento y rogar que nadie te pida levantarte en las próximas horas.

El color o la textura pueden resultar atractivos al hacer una valoración general del conjunto, sin embargo, es una cuestión que cobra importancia cuando cae algún líquido o alimento sobre él. En ese caso y, para evitar sobresaltos, mucha gente decide cubrir el sofá con una tela protectora que esconde la textura y el color del tejido. Por lo que, volvemos a la esencia principal del sofá; su capacidad acogedora y “engullente”.

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Y, si alguien está pensando en comprarse un sofá, antes de tomar ninguna decisión, debería valorar todos los aspectos que va a tener en cuenta en su elección. Vale la pena olvidarse de las modas y tendencias si van a ir en contra de la comodidad pues, finalmente, nuestros traseros agradecerán que sea un asiento mullido, más que un asiento “rocacó”, así como nuestras cervicales celebrarán que los brazos del sofá sean redonditos y blandos cuando queramos “ver la tele” tumbados.