Para que tu salón no se pase de moda y tú tampoco te canses de verlo, las paredes deben estar pintada con colores neutros, colores con luz (blancos, beis, verdes claros…), estos reflejan la luz, iluminando así las estancias. La ausencia de luz resulta que el ambiente sea oscuro y que te canses antes, también puedes optar a empapelar cualquier lugar o pared que quieras destacar, pero que sea discreto, sin recargos. Y por supuesto que no falta una buena iluminación artificial.

En las tapicerías o alfombras, hay que escoger también colores neutros, estos dan ligereza y van con todo, teniendo como ventaja, el que si alguna vez quieres cambiar algo de decoración, te seguirán haciendo juego.

Los muebles, si no son muy grandes, pueden ser oscuros (castaño, nogal), pero siempre sencillos. Si  tienes que escoger el color de muebles mucho más grandes, es recomendable que se integren más a la tonalidad neutra para que no recarguen demasiado.

Los complementos, todo lo contrario, estos deben ser llamativos, con colores vivos, cojines, cuadros, pequeñas lámparas… crearás así una armonía que no te cansarás de ver.

Para las ventanas, los estores lisos y con colores neutros o estampados discretos, pero siempre que los fondos sean claros.

Las plantas, son un síntoma de luz, de vida… estas relajan y dan frescura. Repártelas por lugares que estén vacíos, tampoco es necesario que tu casa parezca un jardín.

Los sofás puedes colocarlos en forma de U y que todos no sean del mismo color, combínalos en tonos de la misma gama, esto hace que la sensación pesada desaparezca.

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