3. La privacidad cuesta
Si en la ventana que quieres vestir se impone defender la privacidad del interior de la casa, entonces tienes que tener un bolsillo generoso. No hay función de las cortinas que resulte más cara que preservar la intimidad. Desde luego, el estilo no se puede perder, pero sólo es algo secundario.

Tu mejor alternativa en ese caso: persianas de madera, metal o imitaciones, seguras, bien ajustadas, a ser posibles con mecanismos electrónicos y cierres herméticos. Son caras, pero duran años, y nada te impide colocar sobre de ellas cortinas y otros ornamentos.

4. En decoración, tu imaginación es el límite
Si la ventana te permite vestirla con encanto, pues la prioridad es matizar la luz que entra al interior o hacer más fresco el ambiente, la buena noticia es que estás ante una gran oportunidad para llevar al límites y dotes para decorar. La única limitación: tienes que vincular las ventanas con el estilo del ambiente. Un ambiente clásico, merece unas cortinas pesadas y señoriales, incluso un dosel que realce a la ventana y su vista.

Imagen | Freshome

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