Lámparas para los niños

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Por lo general, los niños, cuando son pequeños, suelen tener miedo a la oscuridad. Solemos dejarles encendida la luz del pasillo o la de la habitación más cercana, para facilitarles la entrada en el sueño. Sin embargo, resulta más sencillo encontrar una pequeña luz que alumbre levemente la habitación y colocársela en su mesilla.

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Con el tiempo, ellos aprenderán a no gritar en mitad de la noche, ya que dispondrán de su luz “mágica“. Ellos le dan especial relevancia al concepto “suyo”, como si, al tener algo de su propiedad (y que poseen los mayores) hubieran crecido de golpe. Aunque se vaya a usar exclusivamente para quitarles el miedo a la oscuridad, es mejor utilizar una luz blanca o amarilla, ya que ambas facilitan por igual la relajación y no dañan los ojos.

Es importante tener en cuenta también uno de los mayores miedos de los padres cuando tienen que dejar una lámpara enchufada durante un largo período de tiempo, tal vez toda una noche: que se produzca algún problema con el aparato eléctrico en cuestión. Así que será mejor comprar una lamparita que funcione a pilas, como este modelo en tres colores que propone Siliconera.

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