Una de las cosas que más me gustan a la hora de buscar complementos para decorar mi casa son aquellos objetos que no son lo que parecen. Y si encima sirven para algo más que adornar, mucho mejor. Mi casa está llena de libros, me encantan, y en mis estanterías hay algunos que no se pueden leer. No por nada, sino porque no son libros reales.

Uno de ellos es en realidad una caja fuerte, ideal para guardar el dinero o aquellos papeles que quieres tener a buen recaudo. Lo compré en Natura y si lo ves en la estantería, parece uno más de los diccionarios que tengo por ahí por la estantería. La verdad es que da el pego, y alguna vez lo he cogido sin darme cuenta, confundida con el diccionario de inglés.

Y otra cosa que he visto hoy en una web japonesa y que quiero comprar ya, es un libro que cuando lo abres contiene una almohada de escritorio. ¡Lo que habría dado yo por uno de esos durante mi época de estudiante! Porque si lo abres y lo extiendes tienes todo un señor cojín mullidito y super cómodo, o al menos, eso prometen.

Aunque sea como una broma, ya se lo he pedido a mis amigos, porque de vez en cuando, después de tantas horas en el ordenador, viene bien una cabezadita, aunque sea de diez minutos. ¿O no? Ya me veo a más de uno con el libro debajo del brazo camino del trabajo… mientras el jefe no nos pille…

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