El arte de reproducir árboles en miniatura, proviene de China, esto es un verdadero arte, llamado “arte del bonsái”. Estos arbolitos, son una gran delicia decorativa en los jardines orientales, algo digna de admiración por sus delicadas estructuras.

Actualmente, este arte japonés se ha extendido mundialmente, dejando a un lado, los típicos bonsáis tan costosos. Se utiliza incluso como medio de relajación y buen pasatiempo, sobre todo, para las personas mayores. Las técnicas a utilizar son muy sencillas y se requiere de mucha paciencia.

Cuando este arte nació, se le llamaba Pen-Jin y solamente trataba árboles con tronco leñoso (pino, ciruelos, cañas de bambú). Su origen proviene desde los años 618-906 a.C.

Los árboles que cultivaban, los hallaban en el monte y cuidadosamente se les podaba para darles la forma original. Como todas las culturas ancestrales, creó sus creencias y leyendas, pues la secta Zen, los cultivaba por creer acercarse más a su Dios, poco a poco, se fue culturizando, formando parte de la sociedad oriental que lo adoptó como un arte, añadiéndole técnicas especializadas.

Cuando Inglaterra y Japón, comenzaron a tomar contacto, este arte se extendió, mezclando así especies exóticas europeas de todo tipo. Fue así como más tarde se extendió a París y de ahí al resto de Europa después de la Segunda Guerra Mundial.

No existe un diseño único, pues su figura depende de la forma en que crece el árbol y no de su especie.

Algunos de los ejemplos de estos árboles son: Bunginji, Chokkan, Hokidachi, Kengai

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Fuente: bonsái mania