Las cortinas son parte esencial de la decoración. De ellas depende lo que, desde el exterior, se adivina como nuestro hogar. De ella depende la forma en que la luz natural incide dentro de las habitaciones. De ellas depende la forma en que las tapicerías y otras telas se suman al entorno.

Las razones esenciales para disponer una cortina son, pues, la luz natural y la intimidad. Dos objetivos que pueden entrar en franca contraposición: una tela más oscura nos garantiza la intimidad, pero puede resultar agobiante y oscurecer en demasía el ambiente.

Una solución que satisface ambos criterios es esta cortina confeccionado en dos tramos de tela. Uno de ellos, sólido y oscuro; el otro, blanco y translúcido.

La zona oscura garantiza que la intimidad de  la habitación se preserva, y el tramo superior, una buena y tamizada entrada de la luz. Además, su aspecto es elegante y profundamente original.

La mejor proporción entre ambos tramos es de 3/4 para la franja oscura, y uno para la más clara, ubicada en la parte superior, para garantizar la mejor difusión de la luz.

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