Minimalismo oriental: belleza contenida

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La decoración más despojada no está reñida con la elegancia de mayor solera. Para muestra de ello, el minimalismo oriental. La tierra natal del Feng Shui, una expresión física del Tao y sus máximas, puede ser una ilimitada fuente de inspiración al momento de decorar: el gusto por los espacios abiertos y despojados, el mínimo mobiliario en fibras naturales que incluyen el papel de arroz, las telas crudas que matizan la luz…

El minimalismo oriental puede ser llevado hasta su últimas consecuencias, como en la foto de arriba, en la que una habitación de paredes en crudo y piso gris (obra del arquitecto Masahiro Kinoshita) sólo posee una pieza de mobiliario, que retoma los colores de piso y paredes, y se convierte en un objeto totalmente diferente: un protagonista sutil.

Uno de los principio del minimalismo oriental es el ocultamiento. Despojar a los ambientes incluso de la huella de lo pragmático. Tal y como ocurre con este pasillo de un spa diseñado por el grupo de Shangai KUU, en donde la total falta de muebles es una celebración del espacio, y las formas sinuosas de las paredes se conservan gracias a una solución imaginativa y práctica: utilizar muescas, que continúan el trazo curvo de las paredes, como fuentes de iluminación. El efecto conseguido es de una belleza prenatural, sereno e inspirador.

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