En los años 60, el problema del reciclado no existía, las tiendas vendían las galletas por kilos, no en cajas, la colonia por dcl, el papel de periódico se vendía al kilo, el pan duro también y hasta las cosas de metal te las compraban en la chatarrería, los únicos residuos eran los orgánicos. Luego comenzaron a vender todo envasado y hemos acabado aquí, necesitando reciclar para que no nos coma la basura.

Por eso admiro a aquellos que se dedican a reciclar, como Jenilek Cork Group (www.jelinek.com/about.htm). Una compañía, fundada hace 150 años, que  ha apostado por el aprovechamiento de los tapones de botellas para fabricar suelos tan aparentes como los cerámicos.

Jelinek, recolecta corchos de botellas de vino ya usados, luego son cortados en secciones, de poco más de medio centímetro de grosor, para formar  baldosas pegadas sobre una superficie que irá a la pared o al suelo. Las baldosas pueden pintarse con diferentes colores y formas. Y así diseñadas se pegan al suelo. Para rematar el trabajo, se aplica una capa de poliuretano que  sella las baldosas aumentando la resistencia natural del corcho al agua.

El resultado, me gustaría verlo en directo, porque en foto es muy agreable, que dirían los franceses.

Para opendeco.es, Muri. un beso.

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