Cuando queremos dar un aspecto u orientación determinados a nuestro hogar, no basta con salir a buscar el material, mobiliario y accesorios para hacer que nuestra casa se convierta en otra y no la podamos reconocer; es necesario que, si realmente queremos inspirarnos en algún estilo en particular, entendamos sus principios y orígenes.

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En el caso del interiorismo japonés, la magia reside en que hay una serie de principios básicos en la distribución de los hogares japoneses.

En primer lugar, es elemental deshacernos de todos los “chismes” que acechan con adueñarse de todo nuestro espacio vital. Ornamentación innecesaria, recuerdos que han perdido hasta el color, cacharros… en general, todo aquello que ocupa un espacio por el que estamos pagando una hipoteca y que no podemos aprovechar, porque lo llenamos de “trastos”.

En segundo lugar, el espacio. Deshacernos de lo innecesario ayudará a crear sensación de espacio, pero hay más formas. Una de ellas es eliminando paredes y divisiones (siempre que se pueda) que separen estancias pequeñas, reduciéndolas aún más. Si no hubiese otro remedio, el buen uso de la luz y de los espejos puede ayudar a crear esta sensación.

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Por último, el mobiliario. Si queremos ser extremistas, debemos colocar nuestros muebles prácticamente a ras de suelo, y sentarnos en cojines. No obstante, el pensamiento occidental entiende el mobiliario como algo imprescindible. Para evitar el choque cultural, podemos utilizar mobiliario bajo, evitando materiales demasiado pesados y telas recargadas.

Estos tres son sólo algunos de los principios de la decoración y el interiorismo de Japón. Como todo, también tienen su explicación. El frenético estilo de vida y la costumbre de vivir en espacios reducidos hace que los japoneses hayan buscado la forma más efectiva de ampliar las estancias de sus hogares, y de buscar en ellos la serenidad que no encuentran en la calle.

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