Las noches de verano son tan encantadoras que para no romper su embrujo pienso que deberíamos emplear luces indirectas.

Y qué mejor luz indirecta que la que ofrecen los faroles.

Me gustan los faroles, porque además de ofrecer esa luz suave que no distorsiona el grato momento de estar al aire libre sin las molestas luces intensas, decoran nuestro espacio con el estilo que más nos guste.

   

La variedad es tan grande que no creo decepcionen a nadie.

Un besito, Mury

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