Hay tonos que otorgan a la casa una apariencia lujosa y distinguida. Uno de ellos es el dorado. Se trata de un color poco utilizado y que despierta algo de recelo. No es tan fácil de combinar como otros y el exceso de dorado puede resultar contraproducente a nivel decorativo. Como comentamos en otras ocasiones, depende de los gustos y los objetivos de cada uno. Nuestra casa es nuestro ‘imperio’, y siempre tendremos la última palabra.

Personalmente, es un tono que me despierta una sensación atemporal, casi sagrada. Esto se debe quizás a mi afición al arte. Hay que recordar que el dorado se utilizaba mucho en las cúpulas de algunas iglesias, y como parte de esculturas y pinturas, especialmente en el Medievo.

Desde un punto de vista psicológico, el color oro nos da sensación de opulencia, riqueza y poder; pero también de espiritualidad y de intemporalidad, como si los espacios dorados estuviesen más allá del tiempo. Los iconos medievales, especialmente del cristianismo ortodoxo, usaban el dorado para generar este tipo de sensaciones en los fieles.

Son estas razones las que puede despertar cierto respeto a la hora de usar el dorado para la decoración de nuestro hogar. No obstante, como vemos en las fotos, se pueden lograr espacios muy interesantes con la utilización adecuada de este tono.

Si optamos por una pintura metalizada dorada, y la combinamos con blancos rotos, beige o grises, tendremos un espacio con una apariencia lujosa, exquisita y sin duda, muy original. Si puede cansarnos a la larga depende de nuestros gustos, pero en mi opinión se trata de una opción muy distinguida.

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Si no queremos arriesgar tanto, podemos optar por los complementos dorados, en marcos de cuadros, figuras, candelabros, etc. Si lo combinamos con blancos, tendremos un espacio muy rico en detalles en el que el dorado dará el toque justo de distinción.