Cuando el frío aprieta, muchos hogares optan por meter el tendedero dentro: en el salón, en el pasillo o en una habitación. A simple vista parece una solución práctica, pero hay un fallo que se repite muchísimo: secar ropa en interior sin ventilar. Y ese pequeño “detalle” es suficiente para convertir una rutina doméstica en un generador de humedad constante.
La ropa se seca porque el agua se evapora. Si esa evaporación ocurre dentro de casa y el aire húmedo no se renueva, el agua no desaparece: se queda en el ambiente, aumentando la humedad relativa de la estancia. En cuanto el aire ya va “cargado”, la humedad busca salida donde más fácil lo tiene: superficies frías como ventanas, esquinas, paredes exteriores o detrás de muebles pegados al muro. Resultado: condensación, olor a cerrado y, con el paso de los días, condiciones perfectas para que aparezca moho.
En cifras simples: una colada puede liberar casi dos litros de agua al secarse. En una vivienda con ventilación limitada, esa cantidad extra se acumula y no tarda en notarse: cristales empañados, ambiente pesado y pequeñas manchas en juntas, silicona o rincones. Lo que empieza como “solo humedad” puede terminar en condensación persistente y colonias de moho difíciles de eliminar.
Por qué el moho es más que una molestia
La humedad sostenida en interiores favorece la aparición de microorganismos. Las guías de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre ambientes interiores llevan años alertando de que la humedad y el moho en edificios se asocian con más síntomas respiratorios, asma y alergias, especialmente en personas vulnerables.
No significa que tender dentro de casa vaya a enfermar a todo el mundo, pero sí aumenta el riesgo de exposición a esporas si el exceso de humedad se mantiene y aparece moho. Y ahí el problema deja de ser “estético” para convertirse en una cuestión de calidad del aire.
Cómo secar ropa dentro de casa sin disparar la humedad
Si no queda otra que tender en interior, hay medidas que marcan la diferencia:
- Ventilación breve y efectiva: abrir ventanas 5–10 minutos varias veces al día (mejor “ventilación cruzada” si es posible).
- Elegir bien la estancia: mejor un baño con extractor o una habitación poco usada, no el salón o un dormitorio.
- Cerrar la puerta de la habitación donde se tiende para que la humedad no se reparta por toda la casa.
- Separar la ropa: cuanto más apelmazada, más tarda y más humedad libera durante más tiempo.
- Vigilar la humedad: un higrómetro barato ayuda a detectar cuándo se está yendo de las manos (orientativamente, mucha gente busca moverse en torno al 40–60% de humedad relativa).
- Deshumidificador: si se tiende a menudo dentro, suele ser el “plan B” más eficaz para controlar el ambiente.
¿Es bueno usar secadora para acelerar el secado?
En general, sí puede ser una buena idea si el objetivo es secar rápido sin añadir humedad a la vivienda, pero con matices importantes.
Ventaja principal: la secadora evita que esos litros de agua acaben en el aire interior. En modelos de condensación o bomba de calor, el agua se recoge en un depósito o se evacua por desagüe, reduciendo mucho el impacto en la humedad de la casa. En una secadora de evacuación (menos común), el aire húmedo sale al exterior mediante un tubo, con un efecto todavía más directo.
Lo menos bueno (y conviene saberlo):
- Consumo energético: acelera el secado, pero puede subir la factura. Las secadoras de bomba de calor suelen ser las más eficientes.
- Desgaste de tejidos: no toda la ropa “lleva bien” el tambor y el calor. Prendas delicadas, elásticos o ciertos textiles pueden encoger o deteriorarse antes.
- Mantenimiento: limpiar filtros y revisar conductos (si los hay) no es opcional. La pelusa acumulada reduce eficiencia y puede ser un riesgo.
Conclusión práctica: si en invierno se tiende dentro con frecuencia, la secadora (especialmente bomba de calor) suele ser mejor que el tendedero interior sin control, porque reduce humedad ambiental y acorta tiempos. Si se prefiere el tendedero, lo ideal es acompañarlo de ventilación real o deshumidificación, para que el agua no “se quede a vivir” dentro de casa.



