Siempre he querido tener un jardín o una huerta en casa pero se me dan muy mal las plantas, talvez mi destino sea tener perro porque ni siquiera con los gatos logro congeniar, soy alérgica a su pelo. Muchas veces he tratado de cultivar algún pequeño arbusto, he pasado por flores, por helechos –porque en teoría solo hay que ponerles mucho agua-, incluso intenté con un cactus pero acepté mi derrota cuando me di cuenta de que llevaba poniendo demasiada agua y por eso tenía esa contextura gelatinosa que anunciaba su muerte (creo que hice con él lo que no hice con el helecho).

Como soy obstinada he recurrido muchas veces a soluciones no muy ortodoxas; cuando tengo una comida importante o una cena y quiero alardear de mi capacidad de jardinera, me traigo algunas macetas de la casa de mi madre y las pongo por el piso como si fueran mías. Ella, tan pronto como se entera de que ya no las necesito, me las reclama con furia porque sabe de mi capacidad de aniquilación vegetal. También guardo un par de fotografías de bosques tropicales, una de un paisaje de montaña y en el baño tengo alguna frondosa orquídea comprada en una tienda de plásticos chinos.

De hecho hace poco encontré una lámpara en forma de hongo, lo cual no es exactamente una planta, pero me hace acordar de la naturaleza. Se llama FUNGHI, y está diseñada y producida en la casa española de diseño HAYON STUDIO. Fabricada en cerámica, inspirada en la vida en el bosque y con la forma de una seta. Mayor información en la página Web http://www.hayonstudio.com