Hay algo en las ciudades que me seduce, puede ser su forma, pueden ser sus habitantes, puede ser su carácter o puede ser la mezcla de todo lo anterior. Si tengo un objetivo en mente desde que era pequeña es conocer tantas como pueda y aunque cuando empecé a hacerlo no tenía claro qué era lo que buscaba, mi instinto no falló y de esas, que visite cuando no sabía escribir bien ni existía el Internet, tengo las impresiones precisas y el sabor que quiero conservar de las visita a una urbe.

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Quiero conocer los flujos y las especialidades. Cada ciudad tiene un punto fuerte que se refiere más a la vida misma del ciudadano común que a alguna atracción turística; se trata del verdadero poder de la ciudad, de su atributo primordial, de cómo las personas lo viven y de cómo rondan alrededor de él. Me gusta observar los perfiles de las calles y darme cuenta de que tan alta o baja es, me gusta sentir la relación de las personas con los autos, con los andenes, con la vegetación, me gusta calificar el aire, la presencia de animales, de perros, de niños, de viejos. Saber si es una ciudad plana, en ascenso, en descenso, alargada, circular, cuadrada o informe. Hago maquetas imaginarias de las ciudades que visito y las comparo entre ellas tratando de hallar los puntos en común y las grandes diferencias.

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Para un amante de las ciudades no hay nada mejor que una maqueta como regalo y aprovechando que el día de reyes se aproxima debo confesar que la pieza CITY BOX, del artista sudafricano WILLWM BOSHOFF, sería más que ideal. El modelo fabricado en varias clases de madera, algondon y pegamento, mide cerrado Various kinds 10.5 x 24 x 22.5 cm y abierto 24 x 33.3 x 22.5 cm. Esta pequeña ciudad puede ser cualquiera y es única al tiempo. Mayor información en la página Web www.michaelstevenson.com/contemporary/exhibitions/boshoff/citybook.htm

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