Descubre cómo hacer feliz a una hormiga

Dicen que la cucaracha es el único animal que resistiría un holocausto nuclear, pero las hormigas no se quedan cortas: son uno de los pocos animales capaces de adaptarse evolutivamente a cualquier ambiente, por hostil que sea. Llevan en la Tierra más de 100 millones de años y actualmente hay 12.000 especies diferentes repartidas por todo el mundo.

Son pequeñas, silenciosas e inofensivas para el ser humano, al menos las que se encuentran en España; ni muerden ni transmiten enfermedades. Pero, cuidado, recuerda que no hay que dejarse engañar por su aspecto frágil y su aire desvalido. Entablar amistad con ellas es sencillo y son animales fieles (a sus necesidades): una vez han pasado el umbral de la puerta, no abandonan una casa así como así. “Dentro de una vivienda, las hormigas encuentran muchos factores atractivos para su supervivencia: clima ideal, sitios donde crear nidos sin ser detectadas y muchos alimentos”, explica Ignacio Santamarta, director de innovación de EZSA.

Pero si, a pesar de la advertencia, persiste el deseo de entablar amistad con estos insectos, conviene saber que el verano es la época del año más idónea. De la misma manera que los humanos, las hormigas buscan lugares frescos en los que refugiarse del insoportable calor, algo fácil de encontrar en cualquier hogar. Aunque, por encima de una temperatura ideal, lo que hace más feliz a una hormiga es encontrar algo que llevarse a la boca… o al hormiguero. Esa es la mejor bienvenida a una casa y lo que puede convertirla en una amiga para siempre.

Restos de dulces o gaseosas derramadas, comida de mascotas, plantas que atraen a insectos que producen melaza, insectos muertos, semillas y cereales, vegetales, frutas y azúcares, miel… Una simple miguita de pan o un trocito de dulce en el suelo es una invitación para una hormiga que, tras el hallazgo, no tardará en volver con refuerzos –son sociales, viven en comunidad y se agrupan o trabajan para sumar esfuerzos y defenderse– multiplicando así las posibilidades de hacer nuevos amigos con antenas en poco tiempo. Y ahí es donde abrir la puerta a unas simpáticas hormigas se convierte rápidamente en una auténtica molestia con la que lidiar.

Conoce a tu enemigo

Es en este punto donde la amistad se convierte en un abuso por parte de estos animalitos. Pero es tarde para poner fin a la amistad con un ejército de hormigas satisfechas que han invadido el hogar. Entonces, empieza la guerra para echarlas de casa, y para ganarla conviene conocer mejor al enemigo.

A pesar de su diminuto tamaño, las hormigas son grandes predadoras de todo tipo de animales y viven entre 4 y 12 años. Como los humanos, tienen cinco sentidos: tacto, oído, olfato, vista… y su propio lenguaje químico: dejan un rastro con su olor que guía al resto de hormigas. También pueden expresar distintos estados de alerta según la manera de rozarse con las antenas.

Habitualmente, se tiende a subestimar su capacidad física, pues pueden levantar 50 veces su propio peso; y de supervivencia, ya que la reina puede poner entre 800 y 1500 huevos al día. Son disciplinadas y organizadas socialmente: cuentan con obreras, que buscan y recogen alimento, hormigas reina sobre las que cae la responsabilidad de criar, hormigas aladas que vuelan para aparearse y localizar un buen lugar para poner los huevos… Y sí, parecen pacíficas, pero pueden esclavizar a otras hormigas para que trabajen para ellas en la colonia, ya sean de otras especies o de otras colonias vecinas.

Más vale prevenir

No, las hormigas no son dañinas para los humanos, pero sí molestas. El mejor ataque para combatir una plaga es la prevención, por lo tanto, para evitar una invasión de hormigas hambrientas, es importante mantener limpio el hogar. Conviene tener especial cuidado en lugares donde la presencia de alimentos es frecuente, como la cocina o la despensa, cerrar concienzudamente bolsas, paquetes y botes, y dejar alimentos abiertos o empezados bien sellados para impedir que accedan a ellos.

Es importante dificultarles el acceso. Es complicado, porque una hormiga puede entrar en casa por donde le dé la gana: por debajo de la puerta, enganchada a la ropa… Pero como mínimo hay que ponérselo difícil: sellar agujeros y grietas y prestar atención a puertas y ventanas abiertas durante muchas horas. Además, de la misma manera que lo dulce las atrae, hay otros elementos que las alejan: algunos alimentos como la menta, el vinagre, las especias y el café las ahuyentan (su olor les desagrada) y borran el rastro de olor que dejan para sus compañeras.

Existen muchos productos de uso doméstico, pero las hormigas son insectos difíciles de erradicar, de manera que solo solucionan el problema a corto plazo y no de manera definitiva, y pueden llegar a ser contraproducentes. Por ello, lo más recomendable es recurrir a especialistas que lleven a cabo una inspección de la zona a tratar, identifiquen la especie origen del problema, hagan un diagnóstico completo y apliquen las medidas de control adecuadas para asegurar su eliminación.