Algo imprescindible en todos los hogares es tener un lugar específico para guardar los medicamentos. Hay quien reserva una balda en un armario alto, pero esta solución suele resultar equivocada ya que, al contar con más espacio es más fácil caer en el desorden y perder incluso de vista algunas medicinas, a pesar de que se logra mantener éstas fuera del alcance y de la vista de los niños.

Lo importante es elegir el lugar adecuado y adecuar el lugar a lo que se va a guardar en él. Es por eso que, a la hora de “diseñar” el botiquín es necesario contar con compartimentos suficientes para guardar aquello que por su tamaño sea susceptible de perderse, como las cajas de pastillas pequeñas, o los pequeños botecitos como los colirios o suero fisiológico en dosis individuales. Hay que tener en cuenta que en un botiquín no todo es apilable, como los botes de agua oxigenada, el alcohol y demás botes de distinas alturas y grosores, para los que el espacio debe ser distinto que el necesaio para el termómetro, las pinzas o las tijeras, estrechos y alargados.