Las siete sillas de los pecados capitales no son un capricho de feria de diseño: son siete manipulaciones de una misma pieza, la silla 3107 de Arne Jacobsen, firmadas por el danés Thomas Von Staffeldt bajo el nombre de Saligia (también citada como colección Nº 7). Ninguna llegó a la tienda. Se donaron a una subasta benéfica y acabaron en colecciones privadas, que es exactamente lo que las convirtió en objeto de deseo.
Lo interesante no es la anécdota benéfica, sino el material de partida. Von Staffeldt no cogió una silla cualquiera como lienzo: cogió la carcasa de contrachapado más reconocible del siglo XX, una pieza de 1955 que Fritz Hansen ha fabricado sin interrupción desde entonces y de la que se han vendido varios millones de unidades. Cuando trabajas sobre algo que el ojo identifica en medio segundo, cualquier alteración se lee como un gesto deliberado. Ahí está el truco.
Saligia: el acrónimo latino que da nombre a la colección
SALIGIA no es una palabra inventada para sonar misteriosa. Es una regla mnemotécnica medieval que los teólogos usaban para memorizar los siete pecados capitales a partir de la inicial de cada uno en latín. Verás que el orden no es el que solemos recitar en español, porque el acrónimo manda sobre la jerarquía moral.
- Superbia — soberbia
- Avaritia — avaricia
- Luxuria — lujuria
- Invidia — envidia
- Gula — gula
- Ira — ira
- Acedia — pereza o desidia
Que el número de pecados coincida con el nombre comercial de la silla (Serie 7, Syveren en danés) es una casualidad demasiado buena para desaprovecharla, y el proyecto entero se sostiene sobre ese juego. Von Staffeldt no fue el primero en tirar del tema: años antes circuló una serie de copas de cristal con la misma inspiración. La diferencia es que aquí el objeto de partida ya tenía autor, historia y una silueta patentada, lo que convierte cada intervención en una conversación con Arne Jacobsen y no en un diseño desde cero.

Cómo se traduce un pecado en una silla sin caer en el disfraz
El riesgo de estos ejercicios es evidente: acabar haciendo atrezzo. Una silla con cuernos no representa la ira, la ilustra, que es mucho peor. Las relecturas que funcionan operan sobre tres variables muy concretas de la carcasa —el corte del contrachapado, el acabado superficial y la relación entre asiento y patas— y dejan intacta la silueta general. Este es el vocabulario que se maneja.
- Recortar la carcasa: quitar material del respaldo o abrir el talle deja la silla al borde de lo inservible. Sirve para hablar de deseo, de exceso o de vacío.
- Engordarla: tapizar en exceso o duplicar capas hasta que el perfil deja de ser esbelto. La gula se ve antes de leer la cartela.
- Cambiar el acabado: pan de oro, espejo, laca fluorescente o metalizado. La soberbia y la avaricia se resuelven casi siempre por superficie.
- Deformar la curvatura: una carcasa que se derrite hacia el suelo o que pierde tensión comunica pereza sin necesidad de escribirlo.
- Romper o astillar: fracturar el contrachapado a la vista, con las nueve capas de chapa expuestas, es la vía directa para la ira.
- Duplicar: dos carcasas compitiendo por las mismas patas, una ligeramente peor colocada que la otra. Envidia.
La lección práctica, si alguna vez te planteas customizar una silla, es que el gesto debe ser uno solo. Estas piezas se sostienen porque cada una hace una única cosa y la lleva hasta el final. En cuanto sumas dos ideas a la misma carcasa, el objeto se vuelve ruido. La misma disciplina que hace legible una silla escultórica como el sillón Ekstrem, el diseño noruego ergonómico que rompe todas las reglas, opera aquí: una decisión formal radical, ejecutada sin adornos.
La silla 3107 de Arne Jacobsen: medidas, materiales y por qué sigue en catálogo
Medidas exactas antes de comprarla
Es una silla pequeña, y eso conviene saberlo antes de encargar seis. Ocupa muy poco en planta y desaparece visualmente bajo la mesa, pero no es generosa para cuerpos grandes ni para sobremesas de tres horas.
- Altura total: 78-79 cm
- Ancho: 50 cm
- Fondo: 52 cm
- Altura del asiento: 44-46 cm según acabado y tipo de pata
- Peso: en torno a 5 kg, se levanta con una mano
- Apilado: hasta 10-12 unidades con carro; sin carro, no pases de seis o marcarás el borde de las carcasas
Con un asiento a 44-46 cm, la mesa ideal ronda los 72-75 cm de altura. Si tu mesa es de 78 cm o más (algo habitual en mesas rústicas de madera maciza), te vas a encontrar comiendo con los hombros altos. Y no compres una 3107 pensando en ponerle cojín: la carcasa está calculada para trabajar directamente contra la espalda y el cojín te sube dos o tres centímetros que arruinan la proporción.

De qué está hecha realmente
La carcasa es un sándwich prensado a presión y calor: nueve capas de chapa de madera alternadas con dos láminas de algodón que absorben tensiones y evitan que el conjunto se agriete al curvarse en dos direcciones. Ese detalle, invisible salvo si miras el canto, es lo que permite el estrechamiento central —el talle— sin que la pieza reviente. Las patas son tubo de acero cromado o lacado, con topes de plástico o fieltro según el suelo. En chapa vista la encontrarás en fresno, roble, arce, haya, nogal o cerezo; en versión lacada, en una carta de color que Fritz Hansen renueva cada temporada y que incluye tonos apagados muy fáciles de integrar.
Jacobsen llegó aquí después de la Ant de 1952, aquella silla de tres patas y carcasa de una sola pieza que fue el ensayo general. La 3107 corrigió la inestabilidad añadiendo la cuarta pata y ampliando el respaldo. Su carrera posterior es la de cualquier otro icono del estudio, como la silla Swan de Arne Jacobsen, su historia y cómo decorar con este icono, aunque con una diferencia importante: la Swan es una pieza de contemplación y la 3107 es una silla de uso diario, apilable, barata de mantener y pensada para cantinas y auditorios.
Precios reales: original, segunda mano y réplica
Aquí es donde la gente se lleva sorpresas, porque el rango es enorme y depende casi por completo del acabado.
- 3107 original de Fritz Hansen, lacada en color: entre 400 y 550 €
- Chapa natural barnizada (roble, fresno, nogal): de 500 a 700 €, subiendo con las maderas nobles
- Tapizada por completo en tejido o piel: de 900 a 1.300 € según material
- Segunda mano de los años 60-80: 150-350 € por unidad si el cromado está sano; menos si hay picaduras de óxido
- Réplicas y versiones inspiradas: entre 60 y 150 €
Distinguir una original de una copia es más fácil de lo que parece. Dale la vuelta: la auténtica lleva estampado o serigrafiado bajo el asiento el nombre de Fritz Hansen, el número de modelo y, en las recientes, el año de producción. Mira el canto de la carcasa a contraluz —las capas de chapa deben ser finas, regulares y sin relleno—, comprueba que el tubo de acero es continuo y sin costura visible en las curvas, y fíjate en el talle: las copias baratas casi siempre lo hacen más ancho porque el prensado les falla justo ahí. Un dato de coleccionista: la famosísima fotografía de Christine Keeler de 1963 se hizo sentada sobre una copia, no sobre una 3107 auténtica, y el respaldo redondeado de aquella silla lo delata.
Dónde funciona en una casa real y dónde es un error
La 3107 tiene una virtud rara: por su fondo de 52 cm y su ligereza visual cabe en comedores donde otra silla ahogaría el paso. Funciona muy bien en mesas redondas de 110-120 cm, donde puedes meter cuatro sin que los respaldos choquen, y en pisos pequeños donde necesitas dos sillas de reserva que se apilen en un armario. En cambio, hay contextos donde le vas a sacar poco partido.
- Como silla de escritorio a jornada completa: no. La carcasa no da apoyo lumbar regulable. Si la quieres para trabajar, busca las variantes con base giratoria y ruedas (3117 o 3217), diseñadas para eso.
- En exterior o galerías sin cerrar: el contrachapado se despega con la humedad y el cromado se pica. Es mobiliario estrictamente de interior.
- Con mesas de tablero muy grueso o faldón: el asiento bajo hace que las rodillas topen. Mide el hueco libre bajo la mesa antes de comprar.
- Mezclando colores sin criterio: seis lacas distintas se convierten en una guardería. Si vas a mezclar, hazlo con dos tonos y repite cada uno en diagonal.
El mantenimiento es simple pero tiene sus reglas. Paño húmedo con jabón neutro y secado inmediato; nada de limpiadores con amoniaco ni de estropajos sobre la laca, porque el brillo se mata en una pasada. Aprieta los tornillos de la carcasa una vez al año con la llave allen correspondiente: el aflojamiento progresivo es la causa número uno de que una Serie 7 empiece a crujir. Y si buscas ese mismo lenguaje de carcasa envolvente en clave más contemporánea, la silla RIN de Fritz Hansen, la carcasa japandi de Hiromichi Konno, muestra cómo la marca ha seguido explorando el contrachapado curvado seis décadas después de Jacobsen.
Preguntas frecuentes
¿Se pueden comprar las sillas de los pecados capitales de Saligia?
No. Son piezas únicas que se donaron a una subasta benéfica y no formaron parte de ninguna edición comercial. Si alguna reaparece, será en una casa de subastas de diseño y a precio de obra de autor, no de mobiliario. Lo que sí puedes comprar es la 3107 de serie sobre la que están construidas.
¿Qué diferencia hay entre la 3107, la 3207 y la 3117?
La 3107 es la versión básica de cuatro patas sin reposabrazos. La 3207 añade reposabrazos integrados en la carcasa y gana unos 10 cm de ancho, así que ojo si tienes la mesa justa. La 3117 monta una columna giratoria con base de cinco radios y ruedas, pensada para escritorio. Todas comparten la misma carcasa prensada.
¿Cuánto peso aguanta y cuántas se pueden apilar?
Está homologada para uso en espacios públicos y soporta sin problema a un adulto de complexión normal; el fabricante la certifica para uso contract intensivo. Se pueden apilar hasta 10 o 12 unidades usando el carro específico. En casa, sin carro, no conviene pasar de cinco o seis torres apiladas porque el peso marca el borde de las carcasas inferiores.
¿Cómo sé si una Serie 7 de segunda mano es auténtica?
Busca la marca de Fritz Hansen bajo el asiento junto al número de modelo, y en las unidades posteriores a los años 90 también el año de fabricación. Examina el canto de la carcasa: deben verse capas de chapa finas y homogéneas. Las copias suelen tener el talle más ancho, patas con soldaduras visibles y un cromado más azulado. Pide siempre fotos del reverso antes de comprar.
¿Merece la pena pagar una original si una réplica cuesta 80 €?
Depende del uso. Para una segunda residencia o un rincón de paso, una réplica decente cumple. Para el comedor diario, la diferencia se nota en el prensado: las copias tienden a delaminarse por el talle a los pocos años y el asiento pierde flexibilidad. Una alternativa sensata es comprar dos originales de segunda mano en lugar de seis réplicas nuevas.



