Es cierto que las mujeres tenemos la tendencia a mentir acerca de nuestra edad si el número del que hablamos supera la cifra de treinta. Tengo en mente a varias de mis amigas que cumplieron veintinueve, treinta y tres, y treinta y seis años en varias ocasiones y se quedaron firmemente plantadas en la edad ideal de treinta y nueve años. La responsabilidad de este comportamiento, además de la inmadurez de quién se quita los años, está en la adoración por la juventud que el consumismo capitalista tiene como bandera.

Recuerdo que cuando tenía diez y seis años usaba un documento de identidad falso que me certificaba como una joven adulta; esto solo prueba que a las mujeres se les quiere siempre de veinte y que es muy fácil dejarse influenciar por la demanda del mercado. Y es que aunque use cremas hidratantes, protectoras y aclaradoras de la piel, tinte para el pelo, tenga una dieta baja en calorías para mantener la línea y corra todos los días cuarenta minutos para mantener un buen ritmo cardiaco me niego a no decir mi edad con orgullo. Considero que entre mas vieja más sabia; la juventud la he llevado siempre por dentro.

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