Cuesta encontrar una cocina en la que los colores se puedan mezclar en el mobiliario y la vajilla. Siempre hay un color que destaca más y este es tan vivo que acaba dejando a los otros en un segundo plano. Por eso esta cocina resalta entre las demás, ya que todos los colores consiguen su adecuado protagonismo gracias a un blanco nuclear.


El principio os sonará: Techo, paredes y suelo blanco, junto a unas hileras de azulejos pequeños. Hasta aquí todo normal, pero entonces vemos que sobre los azulejos han colocado unas baldas blancas dónde se muestra toda la vajilla. Platos amarillos, tazas rojas, botellas y cajitas de lata con diferentes estampados. Si se tiene una vajilla así, lo mejor es mostrarla.

Para tener a mano los libros culinarios, han colocado dos baldas más en la que se pueden encontrar y consultar todas la recetas que queramos. Desde unas cupcakes caseras a un pan recién horneado.


Con tanto color en esta cocina blanca, era de esperar que la usaran a diario varios niños, por eso es una buena opción tener estas tazas con ilustraciones retro.


A todos nos gusta jugar con los imanes de la nevera, para que todos puedan colocar lo que quieran han pegado unas bonitas y divertidas fotos con washi tape, junto a unos imanes de letras y números. Una buena forma de tener la nevera ordenada entre tanto caos.


La cocina es amplia y cuenta con el comedor junto a ella, así que es una buena idea tener materiales con los que los niños puedan jugar. Por eso vemos en un rincón un montón de rollos de papel con diferentes motivos para hacer manualidades, o un grupo de revistas en las que inspirarse.

Es curiosa la forma que han encontrado para alegrar una cocina blanca y luminosa.

Fuente: Ifra Lahell