En la mañana me despierto y me tomo un café. Me ducho, me visto, me tomo otro café y salgo a la calle, ya algo retrasada, en busca de la estación de metro que queda en la esquina de mi cuadra; regularmente la encuentro. Al momento de entrar en el tren tengo la reacción instantánea de buscar una silla para sentarme y no tener que ir de pie, con mi cartera en una mano y el teléfono móvil en la otra, dando botes de un lugar a otro y teniendo acercamientos, a veces demasiado intensos, con jóvenes ejecutivos, niños de colegio, chicas universitarias y turistas madrugadores. Con personas mayores no me topo demasiado porque regularmente están sentados.
En esta situación me veo envuelta todos los días pero no todos los días me pasa que efectivamente si encuentre un lugar para sentarme y lo realmente sorprendente es que justo antes de tomar el lugar reflexione acerca de la conveniencia de sentarme en comparación con la de quedarme en pie. Lo que pienso es que en todo caso estaré sentada durante ocho horas en la oficina y llevaba, antes de despertame, 6 horas acostada, así que no me vendría mal estar 20 minutos parada; es un asunto estadístico. Y después recuerdo la comodidad que dan las sillas del metro, la amplitud de las plazas, la grata compañía que fricciona mis hombros derecho e izquierdo. A pesar de eso en ocasiones me siento.
ZERNO es el sillón ideal, lejos de los bancos del metro, permite lograr la comodidad absoluta; es una mezcla de sofá, puf y estantería para revista, y eso lo convierte en perfecto para pasar horas de lectura en casa o la oficina. Su forma orgánica y sus múltiples funciones lo hacen ideal para sentarse, reclinarse, acostarse, tener largas conversaciones, ver películas y más. Está tapizado en piel, su estructura es de acero y la estantería de plástico transparente. Mayor información en la página Web www.manworksdesign.com