A la primera cita que tuve con Nicolás, mi actual y tercer esposo, llegué tarde 20 minutos. Cuando por fín aparecí, un poco sofocada por el apuro, me esperaba en la mesa un refresco de naranja que Nico había pedido para mí pensando en que como vendría corriendo seguramente estaría sedienta y acalorada. ¿No es esa la perfecta simbiosis? El sabe que llego tarde pero que nunca voy a faltar, yo sé que el me espera y además confía mucho en mí y en mis capacidades. No podría vivir el día a día sin tener equipo en el trabajo y por supuesto en casa.
Para mi es indispensable compartir las tareas, las responsabilidades, los oficios y por supuesto las alegrías y los logros. También es necesario poder asumir los malos momentos en compañía. Sin el apoyo de mi esposo, que es incondicional y recíproco, y sin la presencia dulce y alentadora de mis dos hijos mi vida no tendría sentido y aunque me gusten los zapatos y las mesas de escritorio tengo que claro que no alimentan el espíritu como lo hace un abrazo.


