Se acerca el viernes y tengo dos sentimientos encontrados rondando mi cabeza: el primero, la felicidad que me produce saber que el fin de semana está cerca y tendré la posibilidad, si no de descansar, de cambiar de actividad y de compartir el tiempo con los míos; el segundo, agobio que me produce una dura semana laboral, llena de altibajos, confusa y desgastante. La semana ya pasó, pero se repetirá, y el fin de semana está próximo. Cuando el agobio abruma una caminata por el campo.
Pasear por el campo tiene todo de positivo. Se respira aire puro, o por lo menos de mejor calidad que el de la ciudad, se puede interactuar con la naturaleza, aunque nos encontremos de vez en cuando el chalet de algún famoso por el camino, y podríamos tener la suerte de toparnos con un arroyo, a lo que no le voy a sacar pero. A la orilla del arroyo sentarnos y escuchar el paso del agua, talvez con los pies dentro, nos dejará tranquilos y llenos de energía.









