Son las diez de la mañana de un lunes como cualquiera en el que habitualmente el escritorio está lleno de papeles: documentos por leer, cartas por responder, correos electrónicos para catalogar, facturas, informes, agendas… Todo junto y reclamando mi atención, unos encima de otros, mezclados y urgentes. El escritorio se pierde debajo de la montaña de papel y sería necesario otro para poder dar orden al caos.

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La oficina, desde mi llegada, ha cambiado radicalmente. Además de haber descolgado alguna reproducción de una obra de Picasso, descolorida y amarillenta, y de haber traído un par de plantas para que contrarrestaran la antinaturalidad de las luces de neón, han sucedido variaciones más relacionadas con el uso que ahora le doy y para el cual no estaba dotada. Una mesa de reuniones, para discutir los temas de la semana, un par de estantes altos y anchos en donde poder archivar los documentos de seguimiento y poner alguna foto que me haga recordar que tengo una vida propia. Lámparas de mesa para mejorar la lectura y, como última adquisición, una mesa para la infaltable taza de café.

La mesa COFEE Z es una excelente solución para la situación que describo anteriormente: todos los lugares ocupados por documentos y ninguna esquina para poner el vaso con la cafeína hirviente. El diseño, de JAN KOENIG, propone dotar a una pequeña mesa de café, de las que caben en cualquier esquina, con un segundo piso en el que solo cabe la taza y la cucharilla. Un especio reservado para este uso nos habla de la importancia y la jerarquía de esta bebida en el día a día de nuestra vida.

Mayor información en la página Web www.jan-koenig.de