Cómo evitar la gran temida legionela este verano

En España solemos combatir el calor del verano en las terrazas de los bares, con un refresco, un aperitivo y sobre todo buena compañía. A menudo, en este tipo de sitios también hay instalado un nebulizador, lo que hace que se esté en la gloria. Pero claro, este sistema es un arma de doble filo. Alivia el calor, pero también puede ser un caldo de cultivo perfecto para la aparición de la legionela.

“Su funcionamiento se basa en la evaporación parcial del agua aerosolizada en contacto directo con el aire, lo que lo convierte en una instalación de riesgo para la proliferación y diseminación de esta bacteria, según el RD 865/2003, con todos los riesgos graves que conlleva para la salud. Sin embargo, el principal problema no está en el sistema en sí, que es realmente efectivo, sino en el mantenimiento y cuidado del mismo”, afirma Ignacio Santamarta, responsable de desarrollo I+D de EZSA.

La legionelosis es una enfermedad que se contrae a través de las vías respiratorias por inhalación de aerosoles. Estos se forman a partir de pequeñas gotas que pueden generarse al pulverizar el agua o insuflar burbujas de aire a través del agua. Y se puede manifestar como una infección pulmonar caracterizada por una neumonía con fiebre alta (“enfermedad del legionario”) o bien como un síndrome febril agudo de pronóstico leve (“fiebre de Pontiac”).

En este sentido, y teniendo en cuenta que la bacteria se transmite por inhalación de microgotas, las mascarillas que nos acompañan desde el inicio de la pandemia para la prevención del COVID son también una buena medida para reducir los contagios por legionela entre los usuarios de terrazas o espacios abiertos en los que se aplican sistemas de nebulización.

Pero, cuidado, porque los nebulizadores no son el único foco de legionela en verano. En esta época del año estamos mucho más expuestos a esta bacteria, aunque no seamos conscientes, pues estamos en continuo contacto con diversos focos de peligro como redes y depósitos de agua, equipos de refrigeración, humidificadores, sistemas de riego, piscinas…

Limpieza y mantenimiento, las mejores armas

La legionela es una bacteria cuyo hábitat es el agua, por lo que se encuentra de forma natural en ambientes acuáticos (ríos, lagos, embalses, etc.) De aquí puede pasar a los sistemas de distribución y colonizar redes de abastecimiento de edificios, equipos de refrigeración, depósitos, etc. Su crecimiento bacteriano se da en temperaturas de entre 20º y 45º, siendo óptima para su proliferación y desarrollo entre 35º y 37º. Por debajo de 20º y por encima de 45º la bacteria se mantiene inactiva, aunque para destruirla hay que alcanzar al menos los 60ºC (70ºC en el caso de depósitos de agua caliente).

Es importante también saber el origen del agua de la que se nutren estos sistemas: si es de un grifo el riesgo es más limitado que si viene de un pozo o aljibe, puesto que esa agua ya viene tratada desde la red pública.

Y es que la presencia de materia orgánica u otras bacterias, algas y protozoos que aparecen y viven en el agua y en los depósitos de almacenaje contribuyen a su crecimiento, pues crea una biopelícula que favorece su alimentación, desarrollo y proliferación.

“El tratamiento más utilizado para evitar la aparición de la bacteria es el uso de biocidas, principalmente el cloro, aunque existen otros métodos como el bromo, el ozono o la luz ultravioleta. Es importante que cualquiera de estos tratamientos se lleve a cabo durante todo el año, ya que mantener un correcto nivel de biocidas permanentes reducirá las posibilidades de proliferación de la bacteria cuando, en verano, se den las condiciones ideales para su propagación”, concluye Ignacio Santamarta.

Por todo esto, es recomendable recurrir a empresas especializadas para mantener una limpieza y tratamiento adecuado de todos los sistemas de almacenamiento de agua durante todo el año, aunque especialmente en verano.