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Las velas siempre han sido un objeto de decoración muy importante, además de su sentido práctico.  La luz que emana de ellas aporta una sensación de serenidad y de vida a nuestros muebles y a nuestras estancias que las convierten en lugares muy especiales.

Las velas más elegantes y refinadas estaban hechas con cera de abejas, que quemaba más lentamente y además producían una agradable fragancia de miel.  En 1831, comenzaron a elaborarse con estearina, una sustancia que se extraía mediante la purificación del sebo.  Y fue a partir de 1850 cuando comenzaron a elaborarse con parafina, que es hoy el producto básico para la elaboración de las velas.

Confeccionar velas

Los materiales fundamentales para confeccionar una vela son la parafina, la estearina y el pabilo.  Hoy en día es posible adquirir hojas y bandejas de cera, así como cordones, o bien velas de diferentes formas y colores ya preparadas para ser decoradas.

Las velas las podemos confeccionar con envases de yogur, vasos de plástico, moldes para galletas, etc… ya que la cera líquida toma la forma del recipiente en el que se vierte.

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Inicialmente deberemos fundir al baño María la parafina y añadir entre un 10% y un 15% de estearina.  Para colorear el líquido añadiremos anilinas, barritas de cera o pinturas al aceite, usando el color que deseemos.  Si lo que deseamos es realizar una vela “tragahumo”, deberemos añadir varias gotas de aceite de esencia.  Cuando la cera se haya fundido, la verteremos en el recipiente que hayamos elegido anteriormente.

Antes de verter la cera, deberemos haber preparado el recipiente añadiendo el pabilo o mecha.  Para ello, si utilizamos recipientes caseros deberemos asegurar el pabilo con un alfiler o un clip.  A continuación perforaremos el fondo y lo insertamos asegurando la salida del pabilo.  A continuación, verteremos finalmente la cera y deberemos esperar a que se enfríe para sacar la vela del molde y ver el resultado.