Decoración con cuadros (parte I)

Es importante tener en claro que una obra de arte no es un simple objeto de decoración: significa algo en sí misma, enriquece el espíritu y genera sensaciones. Tal vez por eso la mayoría siente gran temor a equivocarse al seleccionar cuadros: no es algo que hagamos todos los días e implica una inversión, que no siempre es astronómica, como se suele pensar.

Sobre todo, lo que más parece incidir en ese sentimiento es la excesiva importancia que se le da al juicio de quien visitará la casa. De todas maneras, si bien es de gran ayuda asesorarse con un especialista, siempre debe prevalecer el gusto personal.

Una vez tomada la decisión de colocar una pintura en algún ambiente de la casa, hay que colgarla a la altura de la mirada, con la base a 1,30 metros del suelo. En cuanto a las distancias, existe una ley casi matemática para no equivocarse: las piezas de gran tamaño siempre requieren mayor distancia y las más pequeñas, un acercamiento para la visión directa del espectador.

Si se elige apoyarlos sobre superficies planas, puede hacerse sobre una base de cemento o de madera. Otra opción interesante y poco convencional es seleccionar un atril o un pequeño caballete. Sin embargo, por seguridad, siempre lo más aconsejable es colgarlos.

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